Cómo ganó el Talibán la batalla de las bombas caseras




WASHINGTON,  (IPS) – La ola de “ataques amigos” contra las fuerzas extranjeras en Afganistán domina este año las noticias de esa guerra. Pero hay otro hecho más importante: la categórica derrota estadounidense ante los artefactos explosivos improvisados del Talibán. Algunos medios de comunicación han sostenido que el ejército de Estados Unidos logró algún avance contra esas bombas, pero sin brindar el contexto de las tendencias estacionales o focalizándose exclusivamente en las bajas estadounidenses.

La realidad indica que el aumento de tropas no logró revertir el marcado aumento de ataques con explosivos improvisados y de las bajas que causaron, que el movimiento extremista Talibán inició en 2009 y continuó hasta 2011.

En ese lapso de dos años, las tropas estadounidenses sufrieron 14.627 muertes, según el Departamento de Defensa y la organización no gubernamental iCasualties, que registra las bajas de las guerras de Iraq y Afganistán de fuentes publicadas.

De ese total, 59 por ciento –8.680 muertes– se debieron a explosivos improvisados. La proporción de todas las bajas estadounidenses por ataques de este tipo creció de 56 por ciento en 2009 a 63 por ciento en 2011.

La decisión talibán de apelar a este armamento es un aspecto central de su estrategia para responder a la ofensiva bélica resuelta por Washington. Requirió una gran cantidad de tiempo y energía de las tropas estadounidenses y demostró que su campaña contrainsurgente no lograba reducir el tamaño ni el poderío de la guerrilla islamista.

Además, ofreció amplia evidencia a la población afgana de que el Talibán mantenía su presencia inclusive en distritos específicamente ocupados por tropas estadounidenses.

Los jefes militares de Estados Unidos intentaron controlar esta estrategia con dos medidas contradictorias, que ignoraban la realidad política y social de Afganistán.

Por un lado, la organización conjunta para la derrota de los artefactos explosivos improvisados del Pentágono (conocida por sus siglas inglesas Jieddo) gastó más de 18.000 millones de dólares en dispositivos de alta tecnología para detectar este armamento antes de que explotara. Eso incluyó robots y dirigibles con cámaras de espionaje.

La tecnología permitió descubrir más artefactos, pero el Talibán simplemente se dedicó a fabricar y colocar muchos más, elevando la presión.

Por otra parte, la estrategia concebida por el general David Petraeus, y aplicada por el general Stanley A. McChrystal, sostenía que la red de explosivos improvisados sería desmantelada una vez que el pueblo diera la espalda al Talibán.

Entonces los generales sacaron de tanques y blindados a miles de tropas y las pusieron a patrullar a pie para trabar relación con la población local.

Lo siguiente que pasó fue un salto en la cantidad de heridas “catastróficas” de efectivos estadounidenses causadas por bombas improvisadas, también llamadas “camineras”.

En su evaluación del 30 de agosto de 2009, McChrystal dijo que la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF, desplegada por la Organización del Tratado del Atlántico Norte) “no tendrá éxito si no está dispuesta a compartir al menos el mismo riesgo que la gente”.

Una vez que se ganara la confianza de la población, sugirió, esta informaría a la ISAF dónde se encontraban las bombas.

McChrystal puso mucho más énfasis en el patrullaje sin tanques en el otoño boreal de 2009. El Talibán respondió elevando la cantidad de artefactos dirigidos contra esas patrullas, de 71 en septiembre de ese año a 228 en enero de 2010, según datos de la Jieddo.

Eso significaba que la población tenía más conocimiento de la ubicación de las bombas, lo cual debía haber resultado en que la gente informara más sobre ese armamento a las tropas extranjeras, según la estrategia de Petraeus.

Pero las cifras muestran que ocurrió lo contrario. En los primeros ocho meses de 2009, el promedio de armas denunciadas por la población fue de tres por ciento. Pero desde septiembre de ese año a junio de 2010 cayó a 2,7 por ciento.

Luego de que Petraeus reemplazó a McChrystal como comandante de la ISAF, ordenó inclusive más patrullas, sobre todo en las provincias de Helmand y Kandahar, en el sudoeste, donde las tropas estadounidenses buscaban controlar lo que había sido bastión talibán en los años anteriores.

En los siguientes cinco meses, la denuncia de explosivos improvisados de la población cayó incluso a menos de uno por ciento.

Mientras, crecían los ataques con ese armamento a las patrullas: de 21 en octubre de 2009 a un promedio mensual de 40 entre marzo y diciembre de 2010. Los soldados heridos llegaron a 316 por mes en ese período, dos veces y media más que en los 10 meses anteriores.

Este éxito talibán fue el principal motivo del aumento de las bajas y heridos estadounidenses.

En 2009 fueron 1.211 heridos y 159 muertos a causa de las bombas improvisadas. En 2010, 3.366 heridos y 259 muertos.

Las heridas ocasionadas a las tropas que patrullan a pie son mucho peores: amputaciones traumáticas de miembros y otras lesiones severas, mucho peores que las padecidas en ataques a vehículos blindados.

En 2011, las muertes estadounidenses por bombas improvisadas cayeron a 204, y el total de bajas pasó de 499 a 418. Pero las cifras de heridos por ese armamento crecieron 10 por ciento, y la cantidad de todos los heridos en combate fue casi la misma que en 2010, según iCasualties.

En los primeros ocho meses de este año, el número de heridos se redujo 10 por ciento respecto de igual período de 2011, y el de muertes fue 29 por ciento menor.

La caída en el número de heridos se debe en parte al traslado de miles de tropas estadounidenses de Kandahar y Helmand al este afgano.

A inicios de 2011, el Pentágono sabía perfectamente que no lograría cumplir lo que había planificado antes y durante la ofensiva. En un elocuente comentario al diario The Washington Post en enero de ese año, el director de la Jieddo, general John L. Oates, afirmaba que “es inexacto sostener que estamos perdiendo la guerra de explosivos improvisados”, porque “la idea no es destruir la red. Eso puede ser imposible”.

El objetivo “es desbaratarlos”, decía Oates moviendo así el arco de lugar para no tener que admitir que no se habían convertido goles.

La admisión implícita de que el patrullaje a pie de Petraeus ya no es reverenciado en el comando de la ISAF es que la orden de agosto de 2010 fue retirada de su sitio en Internet.

* Gareth Porter, historiador y periodista de investigación especializado en la política nacional de seguridad de Estados Unidos, recibió en 2011 el premio británico Gellhorn por sus artículos sobre la guerra de Estados Unidos contra Afganistán

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