Como salvar mi matrimonio




Como personas, si nuestra pareja nos pide el divorcio, lo normal es que veamos que se nos viene el mundo encima. No queremos fracasar en nuestro matrimonio, no queremos divorciarnos, ¿qué es lo que está tan irremediablemente mal que requiera una separación por divorcio?

Posiblemente lloramos, rogamos que no nos deje, hacemos mil promesas de cambio, sentimos desesperación ante la situación llegando incluso a amenazar para que no siga con esas ideas, sentimos abatimiento, desconsuelos y buscamos un millón de razones para evitar el divorcio.

Y a veces todo falla, él o ella sigue queriendo el divorcio.

Ante la idea del divorcio, intentamos por todos medios acercarnos más a nuestra pareja, pasar más tiempo juntos, intentando restablecer una relación que la otra parte ya considera perdida, ¡deseamos salvar nuestro matrimonio!

Pero, como muchas cosas que hacemos por instinto y como primera reacción sin pensarlo, no siempre hacemos lo correcto, ni mucho menos lo que más nos puede ayudar a salvar nuestro matrimonio de la amenaza del divorcio.

Cuando nos enfrentamos a una difícil situación así, a veces lo más conveniente no es atosigar a nuestra pareja intentando demostrarle que debe seguir contigo, sino casi haciendo lo contrario: distanciándote.

La solución: Alejarse

¿Alejarte para salvar el matrimonio? Puede parecer paradójico, pero sí, tomar distancia entre los dos puede que sea la salvación que necesitas para rescatar tu matrimonio. Decirle que pasarás un tiempo fuera, visitar la casa de tus padres o algún pariente por unas semanas. Sal del ambiente de tu hogar roto, de la tensión del matrimonio que no funciona, de estar pasando el día intentando contentarle y enamorarle nuevamente… deja todo eso, aléjate, ve a un lugar donde no sientas esa presión constante por recuperar su amor.

Necesitas aire fresco, ver las cosas más relajadamente, con otra perspectiva… Pasar tiempo con familiares y amigos que te quieren tal cual eres. Intenta reencontrarte con viejas amistades de tu juventud, o invitar a alguna buena amistad a pasar un tiempo contigo… lo que sea, pero sal de tu hogar roto, sal de donde tengas que ver a tu pareja todos los días, sal de donde sientes tensión, desconsuelo y desesperación.

Haciendo esto pasarás menos tiempo pensando en la inminencia del divorcio que se aproxima Te reencontrarás contigo, tal vez hasta logres encontrar más felicidad que antes de que los problemas surgiesen, cuando logres más calma y relax

Consecuentemente, dejarás de atosigarle rogándole su amor. Dejarás de llamarle varias veces al día ver cómo está, para decirle que le quieres, que le extrañas y que sólo deseas que todo vuelva a ser como antes cuando aún te quería. Tal vez incluso dejarás de llamarle de forma diaria, o quien sabe… tal vez logres no llamarle en absoluto durante el tiempo que estén alejados, por semanas, ¿o meses?

Lo más seguro es que si has llegado a este punto, sienta sorpresa e inquietud por lo bien que estás, porque ya no estás rogándole su amor, ya no vas detrás pidiéndole nada… Para su sorpresa, se dará cuenta de que si quiere saber de ti deberá llamarte, no por tu enfado o dolor sino porque estás demasiado bien como para andar preocupándote de él o ella.

Le llamará mucho la atención que estés tan bien, sin duda preguntará qué haces… ¡cuéntaselo! Háblale de lo que haces, de con qué amigas sales, de lo que tanto te está divirtiendo estos días… hazle ver que tienes una vida plena, que en cierto modo, no le necesitas.

Antes le molestaba tu insistencia intentando restablecer el matrimonio, intentando convencerle de que no quiere el divorcio… le atosigabas. Llegada a este punto ahora le molestará justo lo contrario: que estés feliz aún en su ausencia, que te sientas alguien de éxito, que estés haciendo cosas sin su presencia, que salgas por ahí con otras personas, que no necesites rogarle y suplicarle. Sin duda esto le molestará. Tu indiferencia le molestará, y mucho.

Puede que te diga que se alegra por ti, pero en el fondo tú le conoces, y como suele suceder en casos así, en realidad no es así. Tanto le incomodará, que no te debes desesperar si notas su silencio al teléfono, o que de repente esté utilizando un tono de voz más violento y molesto. ¡Le molestará, pero eso es bueno!

No pasará mucho tiempo, tal vez una semana, en la que volverás a saber de tu pareja, que casualmente pasará por donde vives, que querrá hablar contigo o reencontrarse por cualquier motivo (por papeleos legales del divorcio, por trabajo, o lo que sea). La cuestión es que querrá verte, ver esa persona renovada que ya no necesita rogar amor, esa persona alegre que lo está pasando bien y es bien solicitada por sus amistades y todos los que le rodean.

Eso no quiere decir que se enamorase otra vez de ti, que quiera verte porque te extraña… ni nada. Puede ser simple curiosidad, porque realmente en su interior, lo más sinceramente, le fastidia enterarse de que estás tan bien en soledad, y necesita verlo, despertará su curiosidad.

Mientras tanto, aunque en el fondo te estés muriendo por regresar a su lado, por mucho que estés deseando que todo se de un vuelco y vuelva a ti con los brazos abiertos, estarás preparandote para lo peor. Lograras tranquilidad porque ya lo asimilaste, sentirás seguridad porque ya te redescubriste y estarás fuerte porque tomaste nuevas fuerzas que te renovaron. Simplemente sentirás tranquilidad y paz contigo mismo, una situación totalmente distinta a la de antes de alejarse uno del otro.

Al ya no existir esa tensión, si sinceramente lo has logrado, si realmente lo has asumido, estás en paz y no ves necesidad de seguir rogando por sus migajas de amor, sucederá algo interesante: Podrán tener un diálogo, con naturalidad, como amigos, sin presión.

Pero aún si no ocurre nada (no fuerces nada, deja que si alguien debe dar un paso no seas tú), no te preocupes. Aún el día en el que por fin los documentos del divorcio estén listos para ser firmados hay oportunidad de reconciliación como matrimonio.

Si ese momento llega, sigue manteniéndote fuerte y con seguridad. Y aunque en el fondo te estés muriendo de tristeza, hazle ver que sabes llevarlo bien, que aunque el divorcio no fue idea tuya podrás asumirlo y asimilarlo, que aunque te hubiese gustado que las cosas pudiesen ser diferentes, estás en condiciones de superarlo. Incluso en ese último momento puede que suceda que rescates tu matrimonio.

Si eres una persona valiosa, si te has sabido valorar y consecuentemente hacer valer a los demás, tal vez quiera replantearse el divorcio.

Finalmente, una nota de cautela: Cada persona es diferente, y cada pareja también. Puede que esto te sea útil, así como les ha sido útil a muchas otras personas, pero no existen las fórmulas mágicas… pero este es un método de salvar el matrimonio que en muchísimos casos funciona. Toma lo bueno, si algo de ello hay en estos consejos (que confío que sí) y suerte en tu reconciliación y en tu redescubrimiento de lo mucho que vales como ser humano.

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