Derribando mitos: Adicción a Internet




Adicción a los libros, adicción al radio, adicción a la televisión, adicción a los videojuegos, adicción a los teléfonos móviles, adicción al internet. A lo largo de los años, las personas que nacieron antes de la popularización del medio de moda tratan de explicar de la peor manera posible los comportamientos de consumo de la generación que les sucede.

Actualmente esto sucede con la supuesta adicción al internet. Se supone que quienes estamos “todo el día online” somos unos adictos, personas que no podemos “desconectarnos” y que por lo tanto tenemos un problema. Un problema que es solucionable.

Decir que somos adictos al internet es como decir que somos adictos al papel. O decir que quienes hacen muchas anotaciones son adictos a los cuadernos. Es imposible ser adictos a los cuadernos, a los papeles o al internet. Es neutral. Es posible y lógico volvernos adictos a una actividad, pero es ridículo creer que nos podemos volver adictos a un medio o una herramienta.

El argumento de la adicción se vuelve aún más ridículo cuando estamos pasando a un sistema de conexión perpetua. Cada día más teléfonos están siempre conectados, en la actualidad tenemos tres ofertas populares que simplemente no funcionan bien si no están online (Android, BlackBerry, iPhone); el ADSL o 3G para ordenadores son lo normal. Por lo tanto decir que estás adicto al internet sería equivalente a decir que somos adictos al TDT.

Pero imaginemos por un momento que el argumento es válido. Lo curioso es que los métodos de medición de esa supuesta adicción no logran sostenerse por si mismos; un estudio hecho por Dowling & Quirk en 2008 analizó el método usado por casi todos los examinadores del “fenómeno”. El Cuestionario de Diagnóstico de Young (desarrollado por el originador del “desorden”, Kimberly Young) no logra determinar diferencias estadísticas entre supuestos “adictos” y “normales”. Con apenas ocho preguntas es poco probable que se pueda determinar entre un uso “normal” y “problemático”. Por lo tanto los investigadores han estado usando formas extremadamente inexactas para determinar una disfunción que ni siquiera existe.

¿Hay adicciones a actividades que se desarrollan online? no lo dudaría; si las adicciones son formas de suprimir el dolor o la privación de ciertas cosas, suena lógico que se encuentran actividades online que logren parar ciertas dolencias y/o carencias.

El problema es que la “adicción a internet” llama mucho la atención, es un tema muy recurrido en medios tradicionales porque causa morbo, porque es tratado de una forma sumamente amarillista que seguramente genera audiencias y de paso sataniza a un medio que les está quitando terreno. Es fácil ponerle una etiqueta a personas para explicar un fenómeno que no se entiende. Pero son problemas que se atribuyen sin ofrecer prueba o explicación alguna.

Lo más curioso es que, quienes suelen achacarnos la supuesta adicción, son señores o señoras que terminan de escribir su artículo (o editar el video) y se levantan del escritorio para salir a fumar como desesperados o terminan en un bar borrachos porque odian su trabajo. Aja, sí, pero los adictos somos nosotros.

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