Historias de amor… bueno.. decidanlo ustedes




Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir

Jean-Paul Sartre y Simone de BeauvoirDecir que Jean-Paul Charles Aymard Sartre (1905 – 1980), conocido como Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir (1908 – 1986) eran diferentes a la sociedad que les rodeaba es una obviedad.

Juntos combatieron las suposiciones y expectativas de la formación burguesa y se solidarizaron con los más importantes acontecimientos de su época como el Mayo Francés, la Revolución Cultural China y con la Revolución Cubana.

Su relación no-monógama no se sometería ni a la fórmula del matrimonio ni a la convivencia. Incluso acordaron que su amor sería “absoluto”, de modo que su mayor valor fuese la libertad, incluso la sexual. Aunque Beauvoir declaró que Sartre fue el mayor logro de su vida, pasó a la historia como una defensora de la libertad sexual y, de paso, escandalizó a la Francia de su época con tríos y duos bisexuales.

Beauvoir y Sartre habían acordado la plena libertad en su vida sexual y sentimental, pero convinieron en no ocultarse nada, incluso los detalles. Mientras que para unos se trataba de una amistad ampliada, para otros, eran recíprocamente el consuelo de sus decepciones amorosas con otras personas. Cada vez que ella lo trataba de machista, Sartre matizaba: “Soy machista liberal”, para el la libertad estaba antes que el amor. Su amor con Beauvoir era el amor necesario. Y todos los demás eran los amores contingentes.

Voltaire y Émilie du Châtelet

Voltaire y Émilie du ChâteletParece ser que Voltaire, era amorosamente frígido, por decir lo menos. Empecemos por señalar que Voltaire padecía de una clara misoginia. Decía de su gran amor, la Marquesa du Châtelet, que era “un gran hombre cuyo único defecto era ser mujer”.

En cuanto a Emilie du Châtelet, es interesante señalar que nada menos que su admirador intelectual, Enmanuel Kant -otro misógino-, pusiera en dudas que “una mujer que mantiene controversias eruditas sobre mecánica, como la Marquesa du Châtelet, pudiera al mismo tiempo tener un corazón”. Por supuesto, los prejuicios de la época sólo aumentan lo extraordinario de la vitalidad y la genialidad de Emilie du Châtelet.

Pero por otra parte, tenemos que señalar que Emilie du Châtelet era una mujar casada, que compartía su vida sexual a la vez con dos amantes, uno de ellos su maestro de matemáticas, un noble y distinguido científico, y el otro Voltaire.

Emilie, después de haber dado a luz tres hijos, supuestamente de su marido, quedó embarazada a los 42 años por obra de un tercero. Bueno, de un cuarto, si contamos a su marido. Este cuarto hombre era el poeta Jean François de Saint-Lambert. Emilie murió unos días después del parto.

Todo esto lo vivió Voltaire impasible, aunque es cierto que se mantuvo periódicamente apegado a Emilie hasta el fin de su vida.

Aunque sí es cierto que Voltaire decía amar a Emilie du Châtelet porque la consideraba un genial hombre sin barba, dejemos claro, por si acaso, que no se le conocieron a Voltaire aventuras homosexuales.

De hecho, Voltaire sólo tuvo un gran amor en toda su existencia: el amor a sí mismo, a su gigantesco ego. En resumen, es difícil encontrar en la historia un escritor más frío y egocentrico que Voltaire.

Harold Pinter y Lady Antonia Fraser

Harold Pinter y Lady Antonia FraserAntonia Margaret Caroline Fraser, es una historiadora, novelista, autora de biografías y novelas detectivescas. Mejor conocida como Lady Antonia Fraser se conocio con Harold Pinter (1930-2008), Premio Nobel de Literatura del 2005 durante una fiesta que celebraba la apertura de una de las obras de Pinter. Ambos estaban casados en el momento, pero un amor apasionado floreció rápidamente y provocó titulares escandalosos en la prensa sensacionalista británica.

Pinter y Fraser con frecuencia actuaban uno como caja de resonancia para el trabajo del otro. Su amor literario duró 33 años. Después de la muerte de Pinter, Antonia escribió un libro de memorias en el que detalla su relación, llamado “Must you go?” que fue la pregunta de Pinter la noche que se conocieron.

Pedro Abelardo y Eloísa d’Argenteuil

Abelard_and_HeloiseLa relación entre los eruditos medievales franceses Héloïse d’Argenteuil y Abelardo Pedro está llena de tragedia y fascinación. Héloïse tenía conocimientos de latín, griego y los textos hebreos, y sus puntos de vista igualitarias eran ciertamente progresista para el siglo 12. Esto atrajo el interés del filósofo y teólogo Pedro Abelardo, y así comenzaron una relación ilícita.

Abelardo secuestra a Eloísa y la lleva a casa de su hermana en Le Pallet. Abelardo decide casarse con Eloísa para limpiar su nombre; ella se opone en un principio porque no puede aceptar que un hombre de ciencia se dedique a una familia. La boda acaba celebrándose en secreto.

Fulberto, canónigo de la Catedral de París y tio de Eloisa, en supuesto honor de ella, difunde la noticia y entonces Abelardo, molesto por haberse revelado la noticia envía a Eloísa al monasterio de Argenteuil. Fulberto, sintiéndose engañado, sobornó a un criado, y entrando con algunos servidores en el cuarto de Abelardo, entre todos le castraron y después huyeron.

Abelardo, humillado, se esconde durante un tiempo en Saint-Denis como monje, y manda a Eloísa hacerse monja en Argenteuil

Mary Wollstonecraft y William Godwin

wallenLa relación entre la defensora social británica Mary Wollstonecraft y el filósofo político William Godwin fue radical en todos los sentidos de la palabra. Ambos escribieron textos contra el matrimonio y la forma en que jugó en la pérdida de la identidad de la mujer y de sus derechos, pero finalmente se casaron después de tener un hijo en común – el autor Mary Shelley. Lamentablemente, el nacimiento causó la muerte de Wollstonecraft.

Godwin se había enamorado de Mary antes de conocerse. Después de leer su libro de viajes sociológico y personal, Cartas escritas en Suecia, Noruega y Dinamarca, él escribió : “Si alguna vez hubo un libro calculado para hacer enamorar a un hombre de su autor, este parece ser el libro.”

Dali y Gala

daliygalaEstando casada con Paul Eulard en la primavera de 1929, conoció a Dalí y el amor de Dalí por Gala, diez años mayor que él, explotó entonces. Realizaba numerosas extravagancias para captar la atención de Gala, tales como depilarse las axilas tiñéndoselas de azul, untarse excremento de cabra y colocarse un geranio rojo en la cabeza. Durante un paseo por Cabo de Creus, Dalí cayendo a sus pies convulsionado de risas, le confesó su amor; ella, apretando su mano le dijo, “…niñito mío, no nos separaremos nunca…” ; esto daría a Dalí la sensación de haber sido comprendido de una manera casi divina.

Sea como fuere, a partir del verano de 1929, Dalí sintió una “atracción fatal” hacia Gala y la idealizó. El pintor conocía perfectamente las tradiciones relacionadas con la sexualidad mágica: había estudiado tantrismo y las doctrinas medievales occidentales, que consideraban a la “dama” no como algo separado del sujeto sino como una parte de sí mismo: su aspecto espiritual.

Dalí profesó hacia Gala un culto casi religioso, se formó una imagen de ella que nada tenía que ver con la realidad. La convirtió en virgen de sus dos madonnas de Port Lligat, la reprodujo en Leda Atómic -el mejor de sus cuadros-, le regaló su obra más preciada, La Cesta de pan… En suma, le ofreció todas sus victorias y triunfos artísticos. No hubo conferencia ni acto público a lo largo de 45 años en que no concluyera su intervención con un “Viva Gala”.

Pero la Gala llegada de Rusia y amiga de Eluard era muy diferente de ese ser idealizado creado por la mente de Dalí. Codiciosa, ludópata empedernida, excepcionalmente supersticiosa -ambos llevaban en el bolsillo un trozo de madera de una barca del que aseguraban derivaba su buena suerte-, promiscua en lo sexual pero platónica con Dalí quien, impotente desde su juventud, nunca hizo el amor con ella.

La relación entre Dalí y Gala, que duró 42 años, se envenenó a partir de 1975. La violencia física se instaló en la vida de la pareja y al final, cuando Gala contaba con más de ochenta años, en una de estas peleas, cayó de la cama y se fracturó varios huesos. Ésta fue la causa de que falleciera varios meses después. Los últimos años de la relación fueron espectrales, tanto así que Dalí necesitó a un psiquiatra entre 1975 y 1980.

Gala había cometido continuas infidelidades mientras convivió con el pintor. Con el paso del tiempo y el declive de sus atractivos, tuvo experiencias siniestras. Dos de sus últimos amantes le causaron una fatal adicción. Uno de ellos, William Rotlein, alcohólico y dorgadicto, le juró amor eterno sobre la tumba de Romeo y Julieta. La relación duró años y destruyó física y mentalmente a Rotlein.

Luego conoció a Jeff Fenholt, prometedor cantante de rock protagonista de Jesucristo Superstar. Gala le separó de este ambiente y le convirtió en su más asiduo amante. Financió su adicción a la heroína, en cuya compra dilapidó el rancho y la colección de pinturas que le había regalado Dalí. Trastornado y deprimido, Fenholt terminó constituyendo el grupo de rock satánico Black Sabbath.

Gala indudablemente tuvo una gran influencia sobre la vida y obra de Salvador Dalí. Murió el 10 de junio de 1982. Cuando la noticia fue dada al pintor, éste dijo “…no está muerta, no morirá nunca…”.

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