La expropiación más surrealista de la historia




La presidenta argentina continúa con su política de expropiaciones. La última es quizá la más surrealista de la historia. El Congreso argentino aprobó esta noche la expropiación de la imprenta que fabrica los billetes de la nación.

Tras un debate tenso, de más de 9 horas en la Cámara de Diputados y que se ejecutó de manera extraordinaria (con más rapidez de lo normal), Cristina Fernández de Kirchner logró convertir en ley el proyecto oficial para expropiar la Ciccone Calcográfica (ahora conocida como Casa de Valores Sudamericana) y ponerla a disposición de la Casa de la Moneda. El kirchnerismo contó con el respaldo de una parte de la oposición para sancionar la controvertida norma, que tuvo 145 votos a favor y 78 en contra; el vicepresidente fue blanco de graves acusaciones

Lo sorprendente del caso es que hasta ahora no se conoce quién es el dueño de esta empresa, ahora pública, ni cuál es su actividad actual. La Casa de Valores Sudamericana (ex Ciccone Calcográfica) era la única empresa privada capaz de imprimir papel moneda, fue liberada de la quiebra por organismos oficiales y gozó de privilegios gubernamentales.

Dentro de esta rocambolesca historia se encuentra el actual vicepresidente de la república, Amado Boudou, que está siendo investigado por la justicia por varios delitos, entre ellos, tráfico de influencias y lavado de dinero. De hecho, el caliente debate vivido ayer durante la votación en el Parlamento para declarar la empresa de interés público se centró en críticas a la figura de Boudou.

Las acusaciones de la oposición se basaban en la investigación sobre un posible trato de favor del viceministro a la empresa de impresión por ser él quien impulsó al Gobierno argentino a contratarla para que confeccionara las papeletas electorales del Frente para la Victoria, primero, y los billetes de cien de pesos, después.

La presunta trama comenzó cuando The Old Fund, una sociedad anónima que se creó en febrero de 2008 con un capital de 30.000 pesos, adquirió dos años después Ciccone Calcográfica y obtuvo un contrato con el Estado para imprimir billetes por 50 millones de dólares. Varias denuncias de la oposición han pedido al procurador general de la Nación que promueva una investigación sobre la presunta relación del vicepresidente con esta empresa que recibió ese escandaloso contrato.

El proceso de investigación se está desarrollando ya y la oposición ha criticado que la rapidez con la cual se ha llevado a cabo el proceso de estatalización de la empresa tiene como propósito interrumpir dicho proceso judicial que salpica directamente al vicepresidente de Kirchner. “El propósito de este proyecto es impedir que se conozca la verdad. Le hacen un daño no sólo a su partido, sino a la política”, dijo el radical Ricardo Alfonsín. Consideró, además, una “exageración la invocación que hace el oficialismo a la llamada soberanía monetaria”.

¿De quién es Ciccone?

El desconcierto en el Parlamento durante la votación ha sido tal que muchos diputados portaban en su escaños carteles con frases como “¿De quién es Ciccone? ¿Qué estamos expropiando?“.

La pregunta, formulada de muy diversas maneras por los diputados, no fue resuelta por el Gobierno oficialista, que apeló una vez más a la ‘soberanía de la Nación’. Una vez que se aprobó la ley, el Gobierno justificó el mutismo del vicepresidente y tildó de “borregos” a los que leen Clarín y La Nación.

La Casa de la Moneda de la Argentina ya investigó en el año 2010 la empresa Ciccone y redactó un informe muy crítico sobre la potencialidad de impresión de la compañía. Breves Consideraciones Generales a tener cuenta se llama el texto que analiza la fábrica de impresión de billetes expropiada por Kirchner. Según el diario Clarín, que accedió a ese documento, el informe es lapidario en varios de sus párrafos y cuestiona la capacidad de la compañía para imprimir billetes, considerándola más bien “un taller” de impresión general.

“El establecimiento de la compañía no es bueno y se aproxima más a un taller de producción de productos gráficos generales con y sin seguridad, que al de una fábrica de billetes“, dice el escrito de 2010 elaborado por la Casa de la Moneda.

Y sigue: “No existen áreas suficientes destinadas a tesoros, para almacenamiento de papel para billetes en blanco, ni para el almacenamiento y secado del papel entre las distintas etapas del proceso, ni para los billetes terminados, por lo que requeriría hacer obras civiles”.

Pese a estas advertencias, el Gobierno oficialista la ‘eligió’ para imprimir sus billetes previo pago de 50 millones de dólares de dinero público. Las reformas que necesitaría este ‘taller’ no se han efectuado en estos dos años, no obstante, la presidenta argentina insiste en su versión: estatizar la ex Ciccone potenciará la producción de billetes.

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