¿Que hay oculto en Facebook?




Facebook revolucionó las relaciones sociales a un ritmo vertiginoso. Pero detrás del fenómeno asoma la CIA, un gurú de derecha y un grupo de multinacionales que lograron obtener la mayor base de datos global.

Tiempo atrás, el escritor y periodista Tom Hodgkinson trepó el muro y vio qué se escondía detrás para luego contarlo en una investigación del periódico británico The Guardian.

El intrépido Tom corrió la máscara de Facebook, la red social que en sólo dos años –desde que se abrió a todo el mundo– sumó a 200 millones de usuarios que desnudan su intimidad en la Web.

¿Qué vio Hodgkinson, entonces?

Que, agazapados atrás de ese joven brillante de Harvard llamado Mark Zuckerberg, creador de Facebook, asoman socios de linaje neoconservador y férreos vínculos con la CIA. El resultado del informe es, sin dudas, una trama intrigante de espías e inversiones millonarias, aplicada a un panóptico universal que encontró en las nuevas tecnologías una herramienta, al parecer, implacable.

A diario se incorporan a Facebook 500 mil nuevos usuarios.

Ya se crearon 200 millones de cuentas –casi cuatro millones en la Argentina, donde es la principal red social–, que convirtieron a este territorio virtual en el sexto país del mundo en cantidad de habitantes. Se estima que para 2011 superará los 500 millones de personas.

Cada una de ellas derrama en la red información personal que incluye fotos –850 millones al mes–, historias, amistades, gustos de consumo. El caudal informativo se ajusta a golpe de encuestas diversas y permanentes, lo que le permitió a Facebook elaborar, probablemente, la mayor base de datos del planeta, a la que empresas globales –Coca Cola, Sony Pictures y Blockbuster, por citar algunos ejemplos– han tenido acceso, según el diario británico Sunday Telegraph.

La red despertó la fiebre del reencuentro.

“X te agregó como amigo (a) en Facebook” es una frase que se repite a diario en los correos de todos los que alguna vez se asomaron al mundo FB. Lo mismo sucede con invitaciones a eventos de todo tipo. La interconexión permite que se vuelvan a ver las caras –si no en persona, al menos virtualmente– ex compañeros de escuela, parientes lejanos, ex novios, hasta padres que les habían perdido el rastro a sus hijos (ver recuadro).
Pero detrás de esta plataforma amistosa, los usuarios podrían estar durmiendo con el enemigo, según los secretos que descubrió el periodista inglés, que considera a la red “un experimento social de perfil neoconservador”.

Sólo hay tres directores de Facebook: Zuckerberg, su creador; el inversionista Jim Breyer, y Peter Thiel, inversor de capital de riesgo y filósofo futurista considerado un genio por las compañías cibernéticas de Silicon Valley.

Thiel es un alemán nacionalizado norteamericano, acusado por la revista Fortune de pertenecer a un grupo mafioso y tener un asistente uniformado con quien se mueve en un McLaren de medio millón de dólares. Cofundador y presidente del sistema de pago en línea PayPal, Thiel es coautor del libro El mito de la diversidad, un ataque minucioso al multiculturalismo. Durante sus años en la universidad, fundó un periódico de derecha llamado The Stanford Review. Hoy es miembro de TheVanguard.org, un grupo de lobby que se define a sí mismo como “una comunidad en línea de norteamericanos que creen en los valores conservadores, en el libre mercado y en limitar la interferencia del Estado”, y adhiere a las políticas de Reagan y Thatcher. Thiel admite que quiere reemplazar el mundo real, que llama “naturaleza”, por un mundo virtual.

Como PayPal, que nació con la creencia de que se puede encontrar valor no sólo en los objetos sino en las relaciones humanas, Facebook –que no fabrica absolutamente nada; conecta relaciones que ya existían– es otro experimento capitalista de manipulación global: “¿Se puede hacer dinero con las amistades? ¿Puedes crear comunidades libres de fronteras y venderles Coca-Cola?”, son las preguntas que resumen su concepto, según Hodgkinson.

El mentor filosófico de Thiel es René Girard, un gurú de Stanford para quien la gente se mueve en rebaños, como las ovejas: se copia una a otra sin mucha reflexión. La teoría explica tanto la creación de burbujas financieras (todos apuestan a las inversiones a las que apuesta la mayoría, hasta que explotan) como la enorme popularidad de Facebook.

Finalmente, a Thiel le encantan los paraísos fiscales y la idea de que el 40 por ciento del dinero del mundo está entre Vanuatu, las Islas Caimán, Mónaco y Barbados.

El tercer miembro del directorio, Jim Breyer, invirtió 12,7 millones de dólares en Facebook en abril de 2005 y está entre los directivos de Wal Mart y Marvel. También fue presidente del National Venture Capital Association (NVCA).

La más reciente inyección de capital a Facebook –27,5 millones de dólares– fue liderada por Greylock Venture Capital. Uno de los socios de este fondo de inversión es Howard Cox (también ex presidente de NVCA: todo está conectado) y miembro del directorio de In-Q-Tel. Esta empresa con nombre de compañía telefónica es el ala de inversión en capital de riesgo de la CIA, creada en 1999 con la misión declarada de “identificar y asociarse con compañías que estén desarrollando nuevas tecnologías para ayudar a proveer soluciones a la Agencia Central de Inteligencia” estadounidense.

Aun si no estuvieran colaborando con información para los espías, los dueños de Facebook no podrían haber soñado con un negocio más redondo. Sólo tienen que sentarse a ver cómo millones de adictos a Facebook ofrecen de forma voluntaria información sobre su identidad, fotos y listas de sus objetos de consumo favoritos. Esta gigantesca base de datos es vendida a los anunciantes, según Zuckerberg, “para tratar de ayudar a la gente a compartir información con sus amigos sobre las cosas que hacen en la red”. El 6 de noviembre pasado, Facebook anunció que doce multinacionales –Coca-Cola, Blockbuster, Verizon, Sony Pictures y Conde Nast, entre otras– se habían unido a la red.

Aunque Facebook no tiene oficinas en América latina, las marcas argentinas descubrieron su potencial en el último semestre del 2008. Algunas, como Chevrolet o Sony Ericsson, eligen un juego on line; otras –como Brahma, el Banco Supervielle, Topper o MTV– generan su propio espacio donde los usuarios se hacen fans, comentan los productos e interactúan. La marca de procesadores Intel prefirió hacer un juego de preguntas y respuestas para el Día de la Madre; Bon-o-Bon pidió a los usuarios que dejen deseos, y Pepsi alentó a que los cibernautas suban sus fotos para la promo Indemnizame. Para probar la fidelidad de sus clientes, Burger King fue más lejos: por cada diez amigos que uno eliminara, le regalaban un sandwich. 82.771 facebookeros sacrificaron a 233.906 amigos antes de que Facebook presionara a la empresa para terminar la promo (que iba contra sus intereses de multiplicarse).

¿Que hay oculto en Facebook?

El concepto de Facebook es claro: va a buscar a la gente donde la gente está. Y en la segmentación está la clave para los anunciantes: es posible llegar sólo a porteños de 30 a 40 años, o a fanáticos de determinado género para anunciarles la salida de un disco. Con 5.000 pesos, cualquier empresa puede hacer pie en la red.

“Compartir” es la palabra de Facebook para “publicitar”. Cuente que le gustó una película y apenas se estrene una similar, puede estar seguro de que le enviarán un aviso. Y si se toma el tiempo de leer su política de privacidad, se dará cuenta de que la “privacidad” es un concepto que Facebook no se toma en serio: al publicar cualquier dato en su perfil, uno le otorga a Facebook una licencia “irrevocable, perpetua, no exclusiva, transferible, plenamente desembolsada y mundial para usar, copiar, reproducir públicamente (…) y distribuir dicho Contenido de usuario para cualquier fin, ya sea comercial, publicitario o de otro tipo”. Claro, el contrato es razonable y estipula que, si uno cerrara la cuenta, esta licencia quedará revocada. “No obstante, reconoces que la Compañía podrá conservar copias archivadas de tu Contenido de usuario”, aclara. Muy tranquilizador.

A mediados de febrero, Facebook cambió estas condiciones adjudicándose el derecho ilimitado para usar la información aunque el usuario cerrara su cuenta. Ante las protestas, dieron marcha atrás y pusieron a consideración un nuevo reglamento, que se votará entre el 16 y el 21 de abril. Esta forma de proponer cambios mediante globos de ensayo –y ver si pasan la prueba de la aprobación pública, o no– parece una práctica habitual de la empresa, que ya había tenido dos conflictos al pasar la raya e inmiscuirse en las conductas privadas.

En 2007, FB puso en marcha un programa llamado Beacon, que informaba tanto a los amigos como a las empresas de todas las compras online de cada usuario: la protesta, a la que se sumaron más de 50.000 facebookeros, logró que se detuviera su aplicación. Pero no ocurrió lo mismo con el News Feed, otro software que informa todas las novedades de la vida de los usuarios, desde que agrega una foto hasta los cambios en el estado civil: si uno tiene la alegría de casarse, o la desventura –alegría para algunos– de volver a ser soltero.

Para dar una idea de la cantidad de información que, inocentemente, uno va entregando sin tener mucha idea de su destino, el gobierno inglés anunció a fines de marzo que, en el marco de su estrategia antiterrorista, planea espiar y almacenar información de redes como Facebook y MySpace (orientada a la música). Almacenará en una gran base de datos cada contacto telefónico, e-mail y página web visitada. No espiarán los contenidos de los mensajes y conversaciones entre los usuarios, aseguraron… aunque si consideran que hay posibilidades de cometer un delito, sí podrían hacerlo.

Al mismo tiempo, la Comisión Europea le solicitó a Facebook y otras redes que las cuentas abiertas por menores de edad sean por defecto “privadas e inaccesibles” a través de los buscadores. Ahora, cualquier usuario puede obtener información personal de otros navegantes con sólo introducir su nombre en el buscador, con los riesgos que esto implica.

Este es sólo uno de los debates sobre quién maneja la información publicada en Facebook. Una discusión que crece es qué sucede con los perfiles cuando la persona muere, algo que no está contemplado aún. Cuando el periodista William Bemister murió, su hermana Stephanie escribió a la división de privacidad de FB pidiendo educadamente que dieran de baja su perfil. Facebook se negó: “Convertimos en conmemorativas las páginas de las personas fallecidas –le respondieron–. El Muro (una sección para dejar un mensaje visible al resto de los contactos) queda para que amigos y familiares puedan escribir en su memoria”. Finalmente, después de hacer público su reclamo, logró que lo cerraran.

Desde los gustos personales, la ciudad donde vive, sus contactos y amigos hasta las salidas y qué productos consume, todo está en –y es propiedad de– Facebook. Un nuevo Gran Hermano que, a diferencia del de George Orwell, construido desde arriba como un aparato totalitario impuesto por la fuerza, todos, clic a clic y subida a subida, ayudamos a armar. Pero alguien está mirando, y usando, toda esa información.

Fuente:   elargentino.com

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